– Que no.
– Sí, madre que sí.
Que yo los vi.
Cuatro elefantes
a la sombra de una palma.
Los elefantes, gigantes.
– ¿Y la palma?
– Pequeñita.
– ¿Y qué más?
¿Un quiosco de malaquita?
– Y una ermita.
– Una patraña,
tu ermita y tus elefantes.
Ya sería una cabaña
con ovejas trashumantes.
– No. Más bien una mezquita,
tan chiquita.
La palma
me llevó el alma.
– Fue sólo un sueño, hijo mío.
– Que no, que estaban allí,
yo los vi,
los elefantes.
Ya no están y estaban antes.
(Y se los llevó un judío,
perfil de maravedí).
Gerardo Diego
Manual de Espumas
Cuadernos Literarios
Madrid, 1924
La imagen corresponde al Elefante de San Baudelio de Berlanga que hoy en día ya no está allí sino en el Museo del Prado. De ahí el poema de Gerardo Diego “Sí, madre que sí / Que yo los vi…/ que estaban allí”.
Gerardo Diego recuerda la ermita cuando sus paredes habían sido ya despojadas de sus frescos, realizados hacia 1125-1135, queriendo dejar constancia del triste expolio, por eso nos la ofrece a través de la visión de un niño que conversa con su madre, intentando convencerla de que no ha tenido un sueño, porque los elefantes y la palmera estaban allí.
El fresco es muy original, el cuerpo está pintado en blanco, con ligeros trazos grises para modelar el volumen. El fondo es de un intenso color rojo oscuro, creando un fuerte contraste con la figura clara del animal.
Quien lo realizó no conocía el aspecto físico real de los elefantes. La mayoría de la población nunca había visto uno. Su imagen llegaba a través de tejidos orientales, marfiles, miniaturas o relatos procedentes del mundo islámico.
En la obra predominan tres tonalidades: blanco, rojo oscuro y amarillo dorado. El contraste entre el fondo rojo y el cuerpo claro crea una intensa visibilidad. El color no pretende reproducir la realidad sino enfatizar la significación del motivo.
El elefante en la iconografía cristiana personifica la humildad, por ello porta sobre el dorso un castillo, alegoría de todos los sufrimientos y penalidades que se acarrean en la vida, así como el agobio de los pecados en la conciencia.
Así mismo simboliza el bautismo y la castidad, todo ello relacionado con las descripciones que se hacen en el texto medieval “Fisiólogo”, donde se describe que la hembra pare en el agua, y también que es un animal reacio al apareamiento.
El castillo se sujeta al cuello, ijares y ancas por una rica gualdrapa decorada con motivos ovales rojizos y dorados. En ocasiones no sólo se representa la fortaleza sino también a guerreros dentro de ella.
Los frescos fueron arrancados en los años veinte. En 1922 el comerciante de antigüedades León Leví, junto al coleccionista norteamericano Gabriel Dereppe, al enterarse de que la ermita no era propiedad de la Iglesia sino de unos vecinos de Casillas de Berlanga, se la compraron a cambio de 65.000 pts. Finalmente, tras una serie de incidentes y a pesar de haberse declarado como monumento nacional el 22 de febrero de 1926, las veintitres pinturas, introducidas en tubos metálicos, salieron con destino a los Museos de Boston, Nueva York, Cincinnati e Indianápolis.
Hoy día una pequeña muestra junto a este elefante se puede contemplar en el Museo del Prado a donde llegaron desde el Museo Metropolitan de Nueva York en 1957, pero en calidad de “depósito temporal indefinido”. A cambio se les cedió el ábside de la Iglesia de San Martín de Fuentidueña (Segovia) [01] que fue transportado piedra a piedra al Cloister de Nueva York, aportando ellos una cantidad para que en Fuentidueña se restaurara la Iglesia de San Miguel.
Finalmente destacar que actualmente San Baudelio de Berlanga se puede visitar. La impregnación de sus frescos fue tan fuerte que las paredes muestran espléndidas improntas y, a pesar del expolio, sin duda merece la pena acercarse a Soria y contemplar esta original y bellísima ermita mozárabe.
Para conocer más sobre la palmera que organiza su arquitectura, visita mi entrada:

San Baudelio de Berlanga. Palmera
Poema de Gerardo Diego que refleja su impresión al visitar la ermita de San Baudelio de Berlanga, en especial su brillante solución para cubrir el espacio con la palmera.

San Baudelio de Berlanga I. Localización y Arquitectura
La ermita de San Baudelio de Berlanga fue edificada a finales del siglo XI en Casillas de Berlanga, provincia de Soria. En ella destacan la asombrosa solución de cubrir el espacio con una construcción en forma de palmera, así como sus impresionantes frescos.
