Pierre-Roch Vigneron. El entierro del pobre

…

Joan Margarit

La escucho y cae la lluvia,
y pienso en aquel perro solitario
que iba detrás del ataúd de Mozart.
Lo sigo en los compases de este piano
y en los caminos que dibuja el agua
al irse deslizando en los cristales.
Voy, misteriosamente feliz, siguiendo a un perro
hecho a la vez de música y de lluvia.

                                                           

Sonata
                                    

 

Joan Margarit
Misteriosamente feliz
Editorial Visor
Madrid, 2009

Pierre-Roch Vigneron fue un pintor  francés nacido en Vosnon (Francia), en 1789. 

Se formó en el taller de Pierre-Claude Gautherot antes de unirse a la escuela de pintura francesa de Antoine-Jean Gros. Asistió a la Real Academia Provincial de Pintura y Escultura de Toulouse. Expuso por primera vez en el Salón de 1812.

Sus temas predilectos incluían temáticas sobre la desgracia y la tristeza como niños abandonados, ataúdes, tumbas…

En el Salón de París de 1819 participó con El entierro del pobre. Aquel Salón reunió más de 1300 obras siendo uno de los acontecimientos artísticos decisivos de la Francia de la Restauración. En él se expusieron obras como La balsa de la Medusa de Géricault o La gran odalisca de Ingres.

La obra nos muestra una escena conmovedora sobre la indigencia y la soledad en la muerte.

La paleta de colores es apagada dominando los tonos terrosos en la composición.

Un coche fúnebre traslada los restos de una persona humilde hacia el cementerio. No hay cortejo ni acompañantes humanos, el único que permanece fielmente es el perro, seguramente del fallecido. El coche es sencillo y sin ornamentos lujosos. No hay dolor representado y la sensación general es de silencio y abandono.

El entierro del pobre se conserva actualmente en el Museo Massey de Tarbes en Francia.

La fama de esta obra no procedió únicamente de la pintura original. Vigneron era también grabador y El entierro del pobre tuvo una amplia difusión mediante estampas y versiones grabadas por otros artistas.

Beethoven guardaba entre sus pertenencias una reproducción para recordar y tener siempre presente el triste y solitario final de Mozart.

El funeral de éste fue preparado por su patrón, el barón Gottfried van Swieten. Debido a su precaria situación, su mujer Constanze aceptó un entierro de tercera categoría, con un coste de ocho florines con cincuenta y seis kreutzer, más un suplemento de tres florines para el coche de caballos.

Fue enterrado el 5 de diciembre de 1791, al anochecer, en el cementerio de St. Marx en Viena [01]. Recibió sepultura en una tumba comunitaria simple. Los registros indican que se enterró en ataúd, colocándose un marcador de madera para identificar la tumba. Unos años después se perdió la localización de ésta.

En 1801 un sepulturero localizó el cráneo de Mozart. Tras una serie de legaciones, en 1902 llegó al Mozarteum de Salzburgo. Hace unos años y con las modernas técnicas se intentó comprobar si era auténtico, pero el ADN no fue concluyente.

[01] Cenotafio de Mozart en el Cementerio de San Marx. Viena.

Margarit evoca [02] en su poema la relación de la poesía con la música: ” Cuando un poeta hace un poema está haciendo una partitura que mandará a un lector que no conoce y ese lector cogerá esa partitura y en su instrumento interior la interpretará”.

El poema está compuesto por ocho versos de extensión irregular con verso libre, sin rima fija y una única estrofa.

Para Margarit la imagen es triste, un entierro; la atmósfera melancólica, la lluvia; pero el resultado es feliz sugiriendo que hay una belleza de plenitud interior en la evocación de la pérdida.

El poeta provoca una reflexión nostálgica al conectar memoria y música. El elemento clave será la lluvia, que envuelve los recuerdos del autor. Éste va «misteriosamente feliz», título también del libro, incomprensiblemente dichoso, a pesar de todos los pesares que le rodean, tras encontrar la paz y armonía a través de la música.

Para él este poema era significativo no sólo por su vínculo musical sino también por el recuerdo de ese lamentable entierro cuyo único acompañante fue un solitario perro que en el poema fusiona la lealtad con la emotividad de la música y la lluvia.

[02] Joan Margarit Consarnau

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