Fragmentos de un libro futuro

José Ángel Valente

La obra

José Ángel Valente comenzó a idear Fragmentos de un libro futuro en 1992 al concluir No amanece el cantor, trabajando en el proyecto hasta poco antes de morir, en julio de 2000. Valente afirmaba que sería póstumo: “me moriré con él. No pienso cerrarlo, es un libro abierto.” Incluso dejó instrucciones precisas sobre cómo se editaría, sobrio y sin ornamentación, dejando todo el protagonismo a la palabra poética.

Él pensaba que la obra de uno nunca está ni debe estar completa, por eso le gustaba la tradición de los indios navajos por la que las mujeres que tejen una alfombra dejan al final un cabo suelto para que siempre puedan seguir trabajando. Fragmentos de un libro futuro es ese cabo suelto que anuda la muerte.

José Ángel Valente
FRAGMENTOS DE UN LIBRO FUTURO
Círculo de Lectores. Barcelona. 2000

No se puede entender como la última poesía escrita por el autor, sino como apunta el título, fragmentos

De ti no quedan más
que estos fragmentos rotos…

piezas de distinta datación, y al mismo tiempo una obra inconclusa configurada por la muerte hasta la llegada del viaje sin retorno

ME cruzas, muerte, con tu enorme manto
de enredaderas amarillas…
Si ésta fuese la hora
dame la mano, muerte, para entrar contigo
en el dorado reino de las sombras.

Valente se sabe ya emplazado e invoca:

Acógeme de nuevo en ti,
mas sólo cuando haya
acabado mi canto.

[01] José Ángel Valente

Recuerda el amor como ancla, allí donde:

el naufragio inminente todavía
no se ha consumado, ciegamente
te amo.

Realiza una poesía cada vez más austera, sobria, sin sentimentalismos, despojada de todo lo superfluo, llevando la palabra hasta el límite, buscando la brevedad extrema, lo menos para ir más allá de lo escrito.

Los poemas están plagados de referencias a la luz de otoño

EN la ventana
las gotas de la lluvia fingen llanto
del prematuro rostro frio de este otoño.

[02] Firma de José Ángel Valente

la nada

Y todas las cosas para llegar a ser se miran
en el vacío espejo de su nada.

el silencio, elemento cada vez más relevante en su obra

Si existe repentino este silencio
en el leve descenso de la tarde…
si este eterno es verdad, merecería
la pena haber venido,
estar presente, dios, en esta cita tuya no anunciada.

la infancia

Hay un eco infinito en los vacíos
desvanes tristes de la infancia perdida.

el olvido

PÁJARO del olvido
jamás te tuve más cierto en mi memoria.

la soledad

Nadie
me dice adiós. Nadie me espera.

...SÓLO la soledad resuena larga
igual que cola o viento.

el desgarro ante la muerte propia o la del hijo, reflexionando sobre la percepción del fin, neutralizando éste con su amor por la plenitud de la vida

Qué dolor el morir, llegar a ti, besarte
desesperadamente
y sentir que el espejo
no refleja mi rostro
ni sientes tú,
a quien tanto he amado,
mi anhelante impresencia.

...TÚ duermes en tu noche sumergido. Estás en paz. Yo araño las heladas paredes de tu ausencia… Tú ya no eres ni siquiera tú. Yo tu vacío. Memoria yo de ti, lejano, que no podrás ya nunca recordarme.

...Ya no tienes figura: la tuviste
cuando andábamos juntos contra el viento
que ya amenazaba con tu ausencia.

[03] José Ángel Valente. Retrato

la creación como luz y el silencio como materia que alberga y conduce a la belleza.

Tampoco faltan homenajes: Cernuda (pag. 28); Paul Celan (pag. 17); Paolo Ucello (pag. 44) o Giordano Bruno (pag. 101).

La complejidad mística de esta poesía nos lleva a comprobar que Valente pretende alcanzar cotas que no se pueden expresar, por ello también es importante releer la obra pues ésta ofrece nuevas perspectivas y significados. Él entendía la lectura como un acto creador.

Cierra la obra un poema escrito dos meses antes de morir, [04] que supone el límite, igualar la música del poema con la natural, la culminación de la palabra ante la ausencia del poeta, su pervivencia, manifestando, así mismo, el planteamiento de John Keats sobre la unidad de la poesía, siempre la misma, ya que lo que cambia es el cantor, al igual que cambia el árbol, el ruiseñor, pero no su melodía siglo tras siglo 

CIMA del canto.
El ruiseñor y tú
ya sois lo mismo.

[04] Anónimo: versión

Es un libro hermoso, melancólico, en el que Valente nos envuelve en una serenidad sin desesperación.

El autor

José Ángel Valente [05] nació en Orense en 1929 y murió en Ginebra en 2000.

Se licenció en Filología Románica por la Universidad Complutense de Madrid. Fue lector de español en la Universidad de Oxford.

Vivió en Orense, Madrid, Oxford, Ginebra, Paris y Almería.

Su poesía evolucionó hacia formas muy personales de expresión, que enlazan con Edmond Jabès o Paul Celan. Estuvo muy influido por la mística sincrética, el sufismo y el misticismo cristiano, fundamentalmente a través de figuras como San Juan de la Cruz o Miguel de Molinos. Así mismo su relación con María Zambrano fue un profundo diálogo intelectual y vital marcado por el exilio, la mística y la indagación en el misterio de la palabra.

[05] José Ángel Valente
[05] José Ángel Valente

Al margen

~ Aunque en la obra los poemas no estén fechados, el índice reproduce las fechas progresivas, quedando así patente la voluntad diarística del autor.

~ Son muy significativas las dos citas que abren el texto. Una, el primer verso del libro Dios deseado y deseante de Juan Ramón Jiménez, con el que Valente deja paso a una difícil, pero manifiesta esperanza:

Dios del venir, te siento entre mis manos

La otra, los versos del trovador Arnaut Daniel [06] sugiriendo su individualidad. Valente siempre defendió la poesía generada en soledad como creación subjetiva, completamente al margen de grupos:

Yo soy Arnaut que amontona el viento
y caza la liebre con el buey
y nada contra corriente.

Arnaut Daniel fue un trovador de Aquitania que ejerció su actividad poética entre 1180 y 1210. De él se conservan diecisiete canciones y un sirventés. [07] Fue un poeta contracorriente que cantaba sus propias poesías. Innovó las rimas y la métrica al inventar la sextina, él declaraba que hacía algo imposible como amontonar el viento.

Fue admirado por Dante, Petrarca, Pound. Dante, en su Comedia, lo encuentra en el Purgatorio (Canto XXVI) nombrándolo “el mejor forjador de hablar materno”. Para Arnaut el arte de componer versos equivale al del joyero, que lima y pule su obra hasta aproximarla a la perfección.

En el libro de Martín de Riquer “Vidas y retratos de trovadores” se relata una anécdota del Cancionero: Arnaut fue a la corte de Ricardo Corazón de León donde fue retado a la mejor rima por un rival, apostando cada uno su palafrén. El rey los encerró y Arnaut, al oír cantar toda la noche a su oponente, quiso burlarse y se aprendió su son recitándolo en primer lugar ante el Rey, quien, al descubrir la farsa, lo tomó todo a broma, devolviendo lo apostado.

~ El poema que abre el libro

Supo,
después de mucho tiempo en la espera metódica
de quien aguarda un día
el seco golpe del azar,
que sólo en su omisión o en su vacío
el último fragmento llegaría a existir.

es el fragmento XXXVII y último de su obra Treinta y siete fragmentos.       

~ La muerte de su hijo Antonio, [08] en junio de 1989 a causa de una sobredosis en Ginebra, determinó su vida y su poesía. Es un acontecimiento trascendental que dará lugar a todo un ciclo poético Paisaje con pájaros amarillos y muchos otros poemas con los que el poeta pretende insuflar vida al hijo a través de la palabra.

Hoy, hacia la una y media, recogí las cenizas de Antonio en Saint Georges. Caía una lluvia menuda y fría. Volví a sentir un intensísimo dolor.

Antonio fue incinerado el 3 de julio de 1989. El 4 de julio por la noche Valente fue ingresado con un infarto en el Hospital Cantonal.

~ La relación de Valente con su ciudad natal, Ourense, fue complicada. Nunca ocultó su rechazo hacia esa “tierra de nadie”. El ambiente de posguerra le afectó profundamente. Su padre, republicano de clase humilde, fue humillado por los ganadores y de ahí surgiría su primer choque.

En la plaza de las Mercedes de Ourense [09] hay una inscripción con unos versos de Valente

Alongarme somente foi o xeito de ficar para sempre.
Alejarme solamente fue la manera de quedarme para siempre.

Tal como aparecen parecería indicar que se está refiriendo a la ciudad, pero quienes lo conocieron bien, como su amigo Julio López Cid, indican que esos versos están indebidamente utilizados porque no se refiere en el poema a un lugar geográfico sino a un espacio metafísico, que podría ser el claustro materno, ya que el poema está dirigido a su madre.

~ A pesar de esa relación compleja con Ourense, José Ángel Valente decidió que sus restos y los de su hijo Antonio reposaran junto a los de su padre, en el Cementerio de San Francisco de su ciudad natal. [10]

AHORA ya sé que ambos tuvimos una infancia común o compartida, porque hemos muerto juntos. Y me mueve el deseo de ir hasta el lugar en donde estás para depositar junto a las tuyas, como flores tardías, mis cenizas.

(No amanece el cantor)

[06] Arnaut Daniel Cancionero
[07] Arnaut Daniel Cancionero
[08] Antonio, hijo de José Ángel Valente
[09] Plaza de las Mercedes. Ourense
[10] Tumba de José Ángel Valente

Mi selección

ESTE sueño, que acabo de soñar y en cuyo tenue borde te hiciste no visible, limita con la nada. 

(Ausencia) 

TÚ duermes en tu noche sumergido. Estás en paz. Yo araño las heladas paredes de tu ausencia, los muros no agrietados por el tiempo que no puede durar bajo tus párpados. Ceniza tú. Yo sangre. Leve hoja tu voz. Pétreo este canto. Tú ya no eres ni siquiera tú. Yo, tu vacío. Memoria yo de ti, tenue, lejano, que no podrás ya nunca recordarme.  

(In pace)

A Coral

AL norte
de la línea de sombras
donde todo hace agua,
rompientes
en que el mar océano
se engendra o se deshace,
y el naufragio inminente todavía
no se ha consumado, ciegamente
te amo.

(SOS)

SI después de morir nos levantamos,
si después de morir
vengo hacia ti como venía antes
y hay algo en mí que tú no reconoces
porque no soy el mismo,
qué dolor el morir, saber que nunca
alcanzaré los bordes
del ser que fuiste para mí tan dentro
de mí mismo,
si tú eras yo y entero me invadías
por qué tan ciega ahora esta frontera,
tan aciago este muro de palabras
súbitamente heladas
cuando más te requiero,
te digo ven y a veces
todavía me miras con ternura
nacida sólo del recuerdo.

Qué dolor el morir, llegar a ti, besarte
desesperadamente
y sentir que el espejo
no refleja mi rostro
ni sientes tú,
a quien tanto he amado,
mi anhelante impresencia.

(Elegía: fragmento)

HAY una leve luz caída
entre las hojas de la tarde.
No podemos hollarla.                                                                              Dame
tu mano y cruza
de puntillas conmigo
para nunca pisarla,
para no arder tan tenue
en sus dormidas brasas
y consumirte lenta
en el perfil del aire.

(Octubre)

El amarillo, el verde, el encendido
rojo sólo para morir
bajo el tendido velo del otoño.

La luz no está en la luz, está en las cosas
que arden de luz tenaz bajo la lluvia.

Nada tiene más fuego en sus entrañas
que la melancolía ardiente de esta hora.

Nada tiene más fuego que la ausencia.

¿Llorar?
              Lloradme nunca.
                                            Me he perdido
con el aire en las bóvedas tan bajas
de un cielo que, piadoso, me disuelve. 

(Días de octubre de 1996)

Para Antonio, en memoria, 1997

UNA vez más desciende la tristeza
como reptante sierpe a ras de suelo. 

En el mismo lugar y en la ceniza misma,
las mismas aguas quietas en el mismo lago,
su plateado gris, las hojas húmedas
desde el llanto de ayer.

                               ¿De cuánto tiempo antes?
Ya no tienes figura: la tuviste
cuando andábamos juntos contra el viento
que ya me amenazaba con tu ausencia. 

Y ahora el día
de atenuada luz como tímida noche
apaga lentamente mi mirada. 

La sombra.
                   Otra vez en su seno somos uno. 

(Hic locus)

TEMPLO de la cima, la noche:
la mano alzada acaricia la estrella.

¡Pero cuidado!
                        Bajad la voz.

No despertemos a los habitantes del cielo. 

(Versión de Li Po)

EL verde lentamente iba del rojo al amarillo.

No había un ave en el cielo tranquilo.

Quietud.
       Por el camino que atraviesa el bosque
una silueta apenas se dibuja. 

La tarde baja hasta tus labios húmedos.

Caer.
       Desvanecerse,
para nunca morir,
en las entrañas hondas de este sueño. 

(Octubre, 1997)

ME cruzas, muerte, con tu enorme manto
de enredaderas amarillas. 

Me miras fijamente.
                                 Desde antiguo
me conoces y yo a ti. 

Lenta, muy lenta, muerte, en la belleza
tan lenta del otoño. 

Si ésta fuese la hora
dame la mano, muerte, para entrar contigo
en el dorado reino de las sombras.

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