Abel (6 de agosto)

Vasili Grossman

"Fue en ese momento cuando el trozo de uranio concluyó su recorrido y una parte de él dejó de ser materia. La bomba explotó a dos mil pies del suelo, según estaba previsto. Se hizo la luz, la luz de la muerte, opresiva y abrasadora."

La obra

Abel (2 de agosto) es un relato de Vasili Grossman, escrito en 1953 y que se ha publicado en castellano en la obra “Eterno reposo y otras narraciones”.

Son una serie de relatos escritos cuando Grossman, poco antes de morir, daba por desaparecida a manos de la KGB su obra maestra Vida y destino. El manuscrito fue confiscado tras el asalto a su apartamento y él denunció que el libro, al que había dedicado su vida, había sido arrestado mientras que él era libre. Murió en 1964 dando por perdida su obra.

La trama se sitúa en una base militar estadounidense situada en una isla del Pacífico donde un grupo de aviadores espera órdenes las horas previas y siguientes al lanzamiento, el 6 de agosto de 1945, de la bomba atómica sobre Hiroshima. [01]

El protagonista es el artillero Connor, un joven de carácter ingenuo que contrasta con el cinismo de sus compañeros. La convivencia entre ellos resulta más complicada cuando se enteran de que se está probando un nuevo tipo de bomba.

La personalidad de Connor lo hace aparecer fuera de lugar, mientras sus compañeros se escudan en el alcohol, él se distingue por su ingenuidad

Vasili Grossman
ABEL (6 DE AGOSTO)
Galaxia Gutenberg. Barcelona. 2013

Connor tomó conciencia con especial claridad, quizá como nunca antes, del carácter dichoso de la vida, esa vida que extendía su benevolencia y generosidad por igual a jóvenes y viejos, perros y ranas, mariposas y gusanos.

Ante la brutal contemplación de su acción y sus terribles consecuencias, Connor, compulsivamente, se lava esas manos que han apretado el botón. Su confusión le arrastra a la angustia moral exteriorizando la incapacidad de reconciliar su conciencia con lo que ha hecho.

Esa noche intenta ahorcarse dejando una nota en la que culpa a su madre. No muere su cuerpo, pero sí su inocencia

[01] Explosión de la bomba atómica

Sin haber logrado doblegar al mal, del que es causa y efecto, el Hombre había cerrado el libro del Génesis.

 

Grossman censura la condición de los individuos como engranajes de una maquinaria, que los lleva a ejecutar sin cuestionar acciones que tienen una responsabilidad moral. Connor no culpa a su madre por la acción que él ha realizado, sino por haber sido educado en unos valores empáticos y morales que ahora le hacen sufrir.

El autor

Vasili Semiónovich Grossman [02] nació en Berdichev, Imperio Ruso, en 1905 y murió en Moscú en 1964.

Se formó como ingeniero, pero abandonó esta ocupación en los años treinta para dedicarse con exclusividad a la escritura.

Tras el estallido de la Segunda Guerra Mundial se convirtió en corresponsal de guerra para el Ejército Rojo.

Su testimonio sobre los campos de exterminio nazis, escrito tras la liberación de Treblinka, fue de los primeros documentos escritos acerca del Holocausto judío y se utilizó como prueba en los juicios de Núremberg.

Aunque Grossman no fue arrestado por las autoridades soviéticas, dos de sus obras maestras, “Vida y destino” y “Todo fluye”, fueron censuradas como antisoviéticas y requisadas.

[02] Vasili Grossman

Al margen

~ El título del relato “Abel” remite al personaje bíblico asesinado por su hermano Caín. Aquí Abel simboliza esa humanidad inocente que será víctima de la violencia.

~ ¿Hasta qué punto se puede justificar el lanzamiento de la bomba? Yo creo que fue una masacre con el máximo de crueldad. Hay quien defiende que era la única alternativa para poner fin a la guerra. Opino que semejante arma jamás se debería haber usado contra población civil. 

El proyecto Manhattan comenzó ante el temor de que los alemanes fueran los primeros en desarrollar un nuevo tipo de bomba muy potente. Tras el Desembarco de Normandía en 1944 se comprueba que los alemanes van camino de perder la guerra y no podrán fabricar la bomba, pero la investigación y el proyecto se continúan cambiando el objetivo. 

Destacados científicos impulsaron el Informe Franck donde se recomendaba que Estados Unidos no utilizara la bomba para forzar la rendición de Japón. Proponían efectuar una demostración de la nueva arma en presencia de los representantes de las Naciones Unidas en una isla desierta o en el desierto. Se reunió un comité nombrado por Truman que decidió que no había alternativa y el 6 y 9 de agosto de 1945 se lanzaron sobre Hiroshima y Nagasaki las bombas. [03-04]

Se acabó con el enfrentamiento, pero pienso que teniendo en cuenta el poco tiempo que le quedaba a Japón, se debería haber mostrado su potencial antes de lanzarla contra civiles y, por supuesto, no arrojar la siguiente a los tres días, tiempo insuficiente para asimilar su alcance.

Es triste pensar en las víctimas supervivientes. Fueron llamadas Hibakusha (persona bombardeada) y ser una de ellas era una maldición. Vivían ocultándose ya que nadie quería formar una familia con ellas ni darles trabajo. Lidiaron con las enfermedades y con el rechazo de la sociedad.

[03] Hiroshima. 1945
[04] Nagasaki. 1945

~ El mal puede ser cometido por personas normales y corrientes a las que se les dan órdenes. Ya lo expuso Hannah Arendt en su obra: “Eichmann en Jerusalén. Un estudio sobre la banalidad del mal”. [05] En este caso es la indiferencia y la falta de reflexión lo que las convierte en cómplices de la atrocidad.

~ En Los Álamos estaba prohibido referirse a la bomba. Para ello se le denominaba en un primer momento, «artefacto», posteriormente, «hombre delgado» y finalmente la llamaron Little Boy (Muchachito). El aparato se conserva y no me parece normal que se exhiba en exposiciones.

[05] Eichmann en Jerusalén. Hannah Arendt

~ El coronel Tibbets, piloto del avión, rotuló éste con el nombre de su madre Enola Gay Tibbets. [06] Nunca se arrepintió, en el 60 aniversario del bombardeo dijo: «Supe cuando recibí la orden que iba a ser algo emocional. Sabíamos que la bomba iba a matar a gente, pero mi interés principal era hacer el trabajo lo mejor que pudiera». Aseguró siempre que aquello era un «deber patriótico» y que «hizo lo correcto». Sin embargo, Claude Eatherly, [07] que formó parte del escuadrón que voló a Hiroshima indicando las condiciones meteorológicas, pasó a la historia como la figura que encarna el arrepentimiento por aquella acción. Yo creo que en él se inspiró Grossman para la figura de Connor. Fue el único participante en los bombardeos que se negó a ser tratado como un héroe y a participar en los homenajes. Llevó una vida errática, cometiendo pequeños delitos, atracos sin llevarse el dinero, falsificación de cheques, con el objetivo de que lo declarasen como él se sentía, culpable. Buscaba el castigo e incluso intentó suicidarse. Una personalidad así no tenía cabida en aquella sociedad. Le diagnosticaron una enfermedad mental y fue internado durante años en el Hospital Psiquiátrico de Waco.

~ Hasta el momento en que Barack Obama visitó después de 71 años Hiroshima, ningún presidente americano lo hizo. Creo que ya era hora y que debía de haber pedido disculpas por el daño causado.

~ He recordado el poema «Cero» de Pedro Salinas publicado en su obra «Todo más claro», donde el poeta exponía su preocupación por el peligro de una guerra mundial nuclear y donde reflexionaba sobre la culpa.

Pongo un fragmento en el que Salinas crea como protagonista al piloto, que una vez arrojada la bomba, no es capaz de asumir el daño y en su mente transforma el hongo nuclear en corderos y vellones de su infancia. El cumplió con su obligación, asumió una orden, pero ¿hasta dónde es lícito obedecer?

[06] Tripulación del Enola Gay
[07] Claude Eatherly

Invitación al llanto. Esto es un llanto,
ojos, sin fin, llorando,
escombrera adelante, por las ruinas
de innumerables días.
Ruinas que esparce un cero -autor de nadas,
obra del hombre-, un cero, cuando estalla.

Cayó ciega. La soltó,
la soltaron, a seis mil
metros de altura, a las cuatro.
¿Hay ojos que le distingan
a la Tierra sus primores
desde tan alto?
¿Mundo feliz? ¿Tramas, vidas,
que se tejen, se destejen,
mariposas, hombres, tigres,
amándose y desamándose?
No. Geometría. Abstractos
colores sin habitantes,
embuste liso de atlas.
Cientos de dedos del viento
una tras otra pasaban
las hojas
-márgenes de nubes blancas-
de las tierras de la Tierra,
vuelta cuaderno de mapas.
Y a un mapa distante, ¿quién
le tiene lástima? Lástima
de una pompa de jabón
irisada, que se quiebra;
o en la arena de la playa
un crujido, un caracol
roto
sin querer, con la pisada.
Pero esa altura tan alta
que ya no la quieren pájaros,
le ciega al querer su causa
con mil aires transparentes.
Invisibles se le vuelven
al mundo delgadas gracias:
La azucena y sus estambres,
colibríes y sus alas,
las venas que van y vienen,
en tierno azul dibujadas,
por un pecho de doncella.
¿Quién va a quererlas
si no se las ve de cerca?

Él hizo su obligación:
lo que desde veinte esferas
instrumentos ordenaban,
exactamente: soltarla
al momento justo.

Nada.
Al principio
no vio casi nada. Una
mancha, creciendo despacio,
blanca, más blanca, ya cándida.
¿Arrebañados corderos?
¿Vedijas, copos de lana?
Eso sería…
¡Qué peso se le quitaba!
Eso sería: una imagen
que regresa.
Veinte años, atrás, un niño.

Él era un niño -allá atrás-
que en estíos campesinos
con los corderos jugaba
por el pastizal. Carreras,
topadas, risas, caídas
de bruces sobre la grama,
tan reciente de rocío
que la alegría del mundo
al verse otra vez tan claro,
le refrescaba la cara.
Sí; esas blancuras de ahora,
allá abajo
en vellones dilatadas,
no pueden ser nada malo:
rebaños y más rebaños
serenísimos que pastan
en ancho mapa de tréboles.
Nada malo. Ecos redondos
de aquella inocencia doble
veinte años atrás: infancia
triscando con el cordero
y retazos celestiales,
del sol niño con las nubes
que empuja, pastora, el alba.

Mientras,
detrás de tanta blancura
en la Tierra -no era mapa-
en donde el cero cayó,
el gran desastre empezaba.

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